Las pellejerías de un socio de la U en un partido organizado por Azul Azul

Para pasarlo mal se deben cancelar $125.000 y así obtener el beneficio de ser socio abonado de Tribuna Andes de Universidad de Chile. Esto da derecho a ver todos los partidos de local del equipo azul y con un asiento asignado que nadie más puede ocupar, pero como ayer, frente a Godoy Cruz se jugaba en Santa Laura, había que llegar temprano, porque el que agarra, agarra.

Haciendo caso al comunicado de Azul Azul de llegar con anticipación, el socio en cuestión se fue temprano. Al llegar a los alrededores del estadio la cosa ya se ponía complicaba. Usted no puede entrar por acá debe ir a otro lado, le dijeron. Sin las cosas muy claras y sin mucha información, el socio caminó buscando por que calles acercarse al campo de juego y bajo el calor de la tarde se las tuvo que ingeniar para encontrar el lugar correcto. Después de deambular uno 20 minutos se encontró con gente “varada” frente a un control en la esquina de Guanaco con Julio Martínez. Pero a pesar de que quedaba una hora y media para el inicio del partido y las puertas se abrían dos horas antes, no se podía entrar.

El ambiente no estaba tranquilo y la gente se impacientaba, el socio estaba en una larga fila sin ni siquiera poder acercarse al estadio. A esa altura el sol era implacable. Garabatos y tallas se lanzaban contra personas de la organización que ahí se encontraban, algunas sacaban risas hasta a los propios carabineros. Un hincha le dice a un uniformado que si se sigue juntando más gente la entrada “va a quedar la cagá”, ante lo que el carabinero le contesta con una afirmación. Cincuenta minutos antes del comienzo del partido abren las puertas, como gotario, de a uno por cada entrada.

El público llegó al mismo tiempo al estadio, el “rebaño” debía mostrar sus entradas y tarjetas en los controles. Al socio lo revisaron al mismo tiempo dos carabineros, fue más manoseado que fiero de micro.

Al ingresar a la tribuna Andes le piden su tarjeta plateada y escucha la primera palabra amable: “que disfrute el partido”. Los asientos del centro de Andes tenían adhesivo que decía reservado socios, ahí el agotado abonado logró una buena ubicación. Una vez instalado bajo para refrescarse en el baño, pero al llegar se dio cuenta que un gran candado cerraba la puerta: sólo había un baño de hombres disponible para toda la Tribuna Andes.

Al volver a su lugar, el socio se dio cuenta que algunos metros a su izquierda (Andes Sur si le ponemos un nombre) estaba la vieja facción de Los de Abajo a la que con precio de galería se le dio esa ubicación, seguramente como premio por su “intachable” comportamiento.

A veinte minutos del comienzo del partido, parece que a la facción histórica de Los de Abajo no le gustó su ubicación y con bombo incluido, se tomaron literalmente el centro de la Tribuna Andes. Ahí, donde estaba sentado el socio y a vista paciencia de carabineros y guardias privados, el olor a vino y marihuana se apoderó del lugar, la “comodidad” se fue al carajo y muchos socios, incluyendo a nuestro amigo, se tuvieron que retirar y buscar un lugar más alejado. Nuevamente el delincuente había ganado y nadie hizo nada.

El socio disfrutó el partido y los 5 goles, no tan cómodo como quisiera, pero se fue feliz del estadio. Sin embargo, mira su tarjeta plateada y se pregunta de qué le sirve aparte del beneficio económico. Se imagina que un socio del Barcelona debe ser tratado como rey y uno del Manchester United se debe sentir la persona más importante del mundo por como es atendido. En esos clubes saben que el socio es un patrimonio importante y lo cuidan, acá es simplemente alguien que le dejó plata al equipo.

La mala educación de algunos hinchas y los delincuentes ya se tomaron los estadios chilenos y si primero expulsaron al hincha común que se esforzaba por pagar semana a semana su entrada, ahora es el turno de los socios, aquellos que cancelaron todo un año por anticipado y que están viendo hipotecadas sus posibilidades de ir al estadio. Todo por la incompetencia de las autoridades y en el caso específico de “nuestro” socio, de Azul Azul. Que es incapaz de mirar más allá de sus narices y dejar de organizar espectáculos tercermundistas, porque lo vivido ayer en Santa Laura se repite más veces de lo que ellos logran darse cuenta.