El color futbolero latino que le falta a las calles de Londres

hinchaLlevo varias semanas en las tierras que le dieron vida a ese deporte por el cual muchos vibramos: el fútbol. Por razones familiares me quedaré por algunos meses más y confieso que echo de menos algo que en Santiago sobra –al igual que en otras ciudades latinoamericanas-: el color futbolero.

En este tiempo, en pleno centro de Londres, me he topado en contadas ocasiones con personas que llevan puesta la camiseta de su equipo o que tienen algún accesorio que los identifique con el club de sus amores. Tampoco he visto pichangas en las plazas o tiendas comerciales repletas de productos relacionados con el balompié, tal como sí ocurre en Argentina y probablemente también en Brasil (país que aún no he tenido la suerte de visitar… Demonios, el 2014 era el año!!); en estas naciones el fútbol es patrimonio cultural, social y turístico: “Parte del ADN”.

Podríamos decir que la falta de color futbolero es culpa del invierno londinense –que no es tan terrible como lo pintan- o sacar a relucir la “formalidad” inglesa (que tampoco es tan formal), aunque quizás así son simplemente, no tan “pintorescos” como nosotros.

Es cierto, Londres es una ciudad gigantesca y quizás el círculo “pequeño” (Central London) en el que me muevo está plagado de turistas o de ejecutivos que no expresan fácilmente su pasión por alguna de las escuadras inglesas. Sin embargo, lo que en Santiago es sencillo, acá casi es una misión imposible; puedes andar varios minutos por el metro y los colores del Arsenal, el Chelsea o Tottenham –por ejemplo- no aparecen por ningún lado. En Chile no sería muy difícil ver a hinchas albos, azules o cruzados, aunque también los hay –los he visto- de Unión o Palestino… Incluso es emocionante ver por ahí a seguidores de Magallanes o del Chago Morning. En el resto del país ocurre un cuento aparte y a los “grandes” de la capital se suman con fuerza los equipos de las respectivas regiones.

En resumen, de cómo se vive el fútbol en Inglaterra aún les puedo contar poco, salvo que está lejos –según esta parcial y estrecha visión- de ser una tierra fanáticamente futbolera, al menos en lo que tiene relación con la externalización –en la vida cotidiana- de la “pasión de multitudes”. Quizás ahora dimensiono mejor la fama internacional de la fanaticada latinoamericana y lo que el fútbol significa para nuestros pueblos. Para un europeo ver, por ejemplo, un Boca-River puede ser de otro planeta, especialmente por lo que pasa –para bien o para mal- antes, durante y después del partido.

Para las próximas semanas espero tener un cara a cara con la vida futbolera inglesa. He intentado que sea algo natural, pero tendremos que forzar el tema, aunque no es fácil y acá les va una muestra: a fines de enero juega Tottenham con Manchester City, y las entradas más baratas que he visto para ese partido están a £70 (más de $60.000), un precio que hace temblar a cualquiera. También haré un recorrido por los bares que se caracterizan por tener tradición pelotera, un sacrificio que cumpliré con la seriedad y sobriedad de un profesional (aunque quizás la magia está en la cerveza o la sidra).

La verdad es que no quiero llegar con muchas caricaturas o prejuicios. Me dedicaré a observar detalles; esos que son diametralmente distintos a los que se ven en tierras chilensis. Afortunadamente, una de las pocas certezas que tengo es que en la cancha veré a lo que nos tiene acostumbrado la Premiere League: buen fútbol; algo que en Inglaterra es casi una constante y que a veces lamentablemente escasea en nuestro país.

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