Columna Cruzada: Escombros

Universidad Catolica vs Universidad de ChileLa derrota ante Cobreloa (1-2) dejó al equipo de Astudillo definitivamente fuera de cualquier chance al título de campeón, honor que con certeza y justicia, digámoslo, será para Colo-Colo.

Por mucho que los números den, la forma, el fondo futbolístico y sobre todo anímico, la actitud que se llama, deja a Católica lejos, muy lejos, de un premio semejante.

Ni la lesión de Biskupovic ni perder contra la U en San Carlos sirvió para motivar a un grupos de jugadores que parecen zombies dentro de la cancha, actores de un montaje conocido, monótono, sin sorpresas, sin brillos ni lucimientos personales.

Mientras veía el partido jugado en Antofagasta, se me vino a la cabeza la idea de los escombros. Universidad Católica es un equipo de escombros.

La UC fue una casa bonita, bien arreglada, pintada, con un bonito jardín. Destacaba por sobre las demás casas del barrio. Eso fue el 2012. Llegamos a semifinales de Copa Sudamericana donde fuimos eliminados sin perder contra Sao Paulo. Equipazo. Ese fue el primer golpe, a partir de ahí, cayeron los primeros escombros.

Las finales perdidas el 2013, contra Unión Española, otra vez contra Universidad de Chile y después contra O’Higgins, transformaron aquella casa bonita, en una casa fea, de esas que los dueños ni siquiera se preocupan de arreglar (¿de qué refuerzos me hablan?), golpeada, más que eso, dañada.

La guinda de la torta es este primer semestre. Aunque los números, los fríos números, digan que este rendimiento no es malo, hay una sensación de rabia, impotencia, de frustración que los jugadores -más allá de sus siempre bien intencionadas declaraciones- no han sabido calmar.

El lienzo en San Carlos durante el partido contra Iquique demuestra ese divorcio entre un plantel gastado, sin respuestas, uniforme, plano, chato y una hinchada que perdió la paciencia y que exige más triunfos y menos excusas.

Es hora de recoger los escombros, botar todo lo que no sirve, limpiar, hacer un aseo profundo, una limpieza en serio y empezar otra vez. Hay pilares intactos. La figura de Toselli, por ejemplo, se agiganta en estos difíciles momentos. El Huaso Álvarez es otro caso.

En fin. Yo por lo menos, creo que el diagnóstico es clarísimo. Ojalá que los que toman decisiones también lo vean así (las cuñas de Ibáñez en El Mercurio son inaceptables) y de una vez por todas empecemos a ganar otra vez.