Trabajo por un estadio en paz debe ser constante y no sonante

Se aproxima el clásico entre Colo Colo y Universidad de Chile y tal como ha pasado año tras año, surgen voces oficiales que buscan terminar con la violencia en los estadios en lugar de buscar la paz en los estadios, que si bien puede ser una sutileza, afina el objetivo del trabajo. Planes e ideas se mencionan y se gradecen, pero el trabajo en torno a las barras bravas debe ser algo que se haga día tras día, fecha tras fecha y torneo tras torneo, con una línea clara de trabajo y no con avisos que suenan en la prensa y que después se olvidan, acá falta un trabajo en las dirigencias y en la ANFP que sea parte de una política constante y no una reacción del Estado ante algunas peleas.

Diputados, alcaldes y ministros han salido por años mencionando que ya está bueno de violencia en los estadios, que se debe de crear el ambiente necesario para que las familias vuelvan, que los hinchas deben estar empadronados, que la ley de violencia en los estadios se debe aplicar con rigor, que los dirigentes que apoyen a las barras serán sancionados, etcétera, etcétera, etcétera, pero… ¿alguien ha pensado en verdad que es lo que genera las acciones violentas?

El mayor éxito en el control del espectáculo se logra cuando la masa se autorregula y cuida su show, las medidas castrantes, represoras y que tiene como base sólo el cumplimiento de la ley o una sanción, no son capaces de crear una cultura en el fútbol, quizás se podrán comenzar a aplicar con resultados positivos en un cprincipio pero al terminar un torneo se tendrá que partir de cero otra vez, las acciones por decreto y por ley deben ser un apoyo en la búsqueda del mayor objetivo, la educación.

En España e Inglaterra (esto también se ha dicho hasta el cansancio) lograron controlar a sus hinchas e incluso lograron tener estadios sin rejas, hay vigilancia y en caso de ser necesario también son detenidos y apaleados, pero se generó una discusión, una educación, un entendimiento de que se estaba ante un espectáculo del cual uno no sólo era pasivo o un espectador más, sino que se logró dar un rol activo en el cuidado de entorno y un sentido de responsabilidad en torno a que yo, la familia, los amigos, los rivales y quien sea que quiera ir al estadio, vaya con calma y disfrute del verdadero convocante: el fútbol.

Ojalá que las medidas que se tomen puedan colaborar, sería bueno saber qué opina la ANFP y qué ideas puede presentar, de qué forma trabajará con los clubes, no sólo es un tema de Interior, Carabineros o Congreso, es un tema de la asociación que ordena, agrupa y regula a los clubes. Habrá que esperar y que ojalá en un par de años no volvamos a escuchar a las autoridades con sus deseos de fin de violencia en los estadios, sino que más bien veamos a las autoridades preocupadas de cultura deportiva y de oportunidades para todos en torno a una educación física concreta que después es capaz de generar un espectáculo, como el que los clubes de primera división protagonizan.

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