Columna Cruzada: Tolerancia a la frustración

botinelli

Universidad Catóica perdió 1-2 ante la U. de Concepción en Talcahuano y desaprovechó así una magnífica oportunidad de establecer diferencias desde el comienzo del campeonato. Ni el regreso de Darío Bottinelli (jugó los últimos 15 minutos) salvó al equipo de Astudillo de su primer traspié del año.

El gol fue del voluntarioso Ramiro Costa, el mismo que fue apuntado en este mismo espacio por su poca efectividad frente al arco rival. El argentino, sin embargo, se quedó en el camarín en el entretiempo y su reemplazo, Diego Rojas, no dio con el tono ni pudo mantener el valioso triunfo parcial.

Los goles del Campanil fueron dos tiros libres mellizos, casi idénticos, ante los cuales Toselli poco y nada pudo hacer, evidenciando que por mucho que esté pasando por un buen momento (ratificado con su llamado a la selección), el tipo no es superhéroe y no puede salvar la plata todas las semanas.

Aquí veo el problema de la UC. Es cierto, van recién tres partidos y es pronto para sacar conclusiones, pero tras el empate penquista (para qué decir después del 2-1), Católica se transforma en un equipo sin respuestas, atolondrado, empeñoso sí, pero poco efectivo.

¿Cuántas veces hemos visto el mismo partido en el último tiempo? Todo va bien hasta que nos golpean y de ahí no nos paramos más. Nos pasó lo mismo con Antofagasta, con O’Higgins, con Iquique y ahora con la UDC.

Con Costa, Mirosevic y Bottinelli en cancha, jugadores a los que uno podría pedirles que “se echaran el equipo al hombro” en busca del gol, Católica fue un ir y venir desordenado, sin profundidad, casi sin convicción diría, que se tradujo por ejemplo, en Toselli cabeceando el córner en el área rival o la amarilla a Fernando Meneses.

Afortunadamente aún hay tiempo para tomar medidas, consolidar un equipo y un estilo de juego, algo que nos identifique, que sea como un sello propio y característico. Al parecer, lo de Mark González se puede concretar y con ello, se sumaría una alternativa más que interesante, sobre todo en fase ofensiva.

Este receso viene bien. Dará tiempo para ajustar piezas, recuperar a los lesionados (la susencia de Andía, quién lo hubiera imaginado, se notó demasiado en estas dos fechas) y para, por qué no decirlo, trabajar la cabeza también y ayudar a salir de los malos momentos cuando sea necesario.

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