Que las modas nunca se acaben: campeones hay (debe haber) por montones

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Es cierto, el fútbol chileno tiene múltiples falencias y aspectos negativos. Estamos lejos de contar con equipos plagados de estrellas –y las que brillan emigran con rapidez-, el referato no es el óptimo (ni siquiera se dedican exclusivamente a la actividad) y la infraestructura cumple con lo justo o –en muchos casos- es derechamente insuficiente. Quizás, lo más grave de todo es el pobre registro de títulos internacionales a nivel de clubes y selecciones.

También podríamos hablar del tipo de dirigentes que tenemos, del papel protagónico de los representantes de jugadores o de la violencia en los estadios. Y cómo olvidar que el amor por la camiseta está en peligro de extinción, y que la actividad social y deportiva ha sucumbido ante algo netamente económico.

Sin embargo, hay un elemento que debería causar la envidia de las grandes ligas internacionales. ¿Quiénes son los últimos campeones que ha tenido el balompié nacional? U. de Chile (Apertura 2012), Huachipato (Clausura 2012), U. Española (Transición 2013) y O’Higgins (Apertura 2013).

Un campeonato sano es competitivo y emocionante. Si siempre hay dos o tres que se repiten el plato, caemos en un libreto plano y sin condimento. Cuando hay rotación de campeones también hay un premio a los trabajos bien realizados y, en especial, a esas sufridas e incondicionales hinchadas (qué mejor ejemplo que las de O’Higgins o Huachipato). También es bueno para ratificar que no se trata de abrir la billetera; un plantel millonario no necesariamente levantará la copa al final de una competencia, hay otros factores que pesan tanto o más.

La supremacía de Colo Colo, Católica, “La U” y Cobreloa en los 90’ –y en décadas anteriores- fue interrumpida por S. Wanderers a comienzos del nuevo milenio; más tarde se unió Everton, su archirrival de la Quinta Región, y U. Española volvió a sumar estrellas. Equipos como Audax, Coquimbo U., U. de Concepción, Rangers y Palestino también fueron protagonistas, aunque no pudieron inmortalizarse como monarcas chilenos.

Los dos últimos equipos invencibles que tuvo el fútbol chileno –las modas como le dicen ahora- fueron el Colo Colo de Borghi y “La U” de Sampaoli. Estuvieron por sobre el resto en el medio local por un buen tiempo y dieron que hablar en el plano internacional (aunque sólo uno logró un título). Salvo por estos dos ejemplos, los últimos campeonatos se han caracterizado por ser parejos y por tener una sana alternancia en el primer lugar.

Entonces, ¿por qué seguimos a esos “lateros” campeonatos que siempre tienen a los mismos campeones? Simple, porque a pesar de que no son tan competitivos, el espectáculo sigue siendo muy bueno. Qué importa si lo de Barcelona/Real Madrid es un monólogo; los partidos y la forma de jugar son de otro planeta. En menor medida ocurre en Inglaterra con Manchester U., Arsenal o Chelsea; hace poco la “sorpresa” fue el campeonato del Manchester City y después nada, tenemos que retroceder a la temporada 94-95 para ver al Blackburn Rovers como campeón. En Italia siempre se repiten los equipos de Milán, la Juve, Roma y, en menor medida, la Lazio.

La verdadera competencia en Europa está en la Champions League o en la Europa League. Cuando el rival a vencer está en otro país, estamos hablando de palabras mayores. Chile debe mantener un campeonato nacional competitivo y fuerte, sin embargo, aún falta mucho para que ello se traduzca en una supremacía -a largo plazo- en el plano internacional. ¿No les parece que una Libertadores y una Sudamericana es muy poco? ¿No les parece que como Selección Chilena al menos debemos tener una Copa América? Esperemos que la moda chilena pronto se imponga más allá de las fronteras… Al menos por un tiempo y con un poco más de regularidad.

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