Por qué fue tan importante y querido Luís Aragonés

El sabio de Hortaleza se volvió leyenda por ganar casi todo con el Atlético de Madrid (como jugador y como entrenador), pero su imagen se fue solidificando desde que se sentó en el banquillo de los Colchoneros. Se transformó en un entrenador capaz de hacer mucho con poco y de impregnar un convencimiento en los jugadores en base a objetivos a largo plazo con metas específicas.

Después de 30 años como entrenador, tomó la selección de España, un verdadero fierro caliente. Los hispanos vivían de desilusiones desde 1982, siempre pensando que era el momento de ser campeones, pero no se lograba. La historia de la Furia Roja adulta a su llegada incluía sólo una Copa de Europa (1964), palmares miserable para un país futbolizado y cuyos principales clubes son parte de la historia gloriosa del futbol.

Así, Aragonés se plantó el deseo de trabajar con el fin de lograr objetivos y títulos. Un detalle de la historia que podía haber cambiado mucho el destino de España, es que la Real Federación estaba decidiendo entre Aragonés y Benito Floro (el sobrevalorado DT que tuvo Zamorano en el Real Madrid), pero el perfil de Luís inclinó la balanza a su favor.

Su primer desafío fue la clasificación a la Copa del Mundo de Alemania, para lo cual tuvo que reconstruir un equipo muy golpeado por la eliminación del Mundial en Japón y Corea.

Logró decir presente el 2006 con una primera fase espectacular, pero el golpe llegó otra vez cuando menos se esperaba y España fue eliminada en octavos de final por una veterana Francia.

Pero don Luís sacó la enseñanzas necesarias y preparó el gran golpe.

Para la Euro de 2008 movió las piezas, cambió a algunos jugadores pero mantuvo la columna vertebral con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi, Xabi Alonso, Senna, Villa y Torres. Un equipazo que de a poco fue aplanando a sus rivales y que Aragonés supo como transformar mentalmente en un grupo con confianza y con hambre.

La táctica, el tipo de juego, las jugadas trabajadas a balón parado y la alineación… pasaron al olvido. La copa se tocó y el convencimiento del grupo de jugadores de que se podía ganar quedó grabado en la Furia Roja, y eso lo grabó el sabio de Hortaleza.

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