Perder la virginidad

descartuchamos
Nos descartuchamos. Chile es campeón de la Copa América y por fin puede lucir en sus vitrinas un trofeo de verdad, por fin puede estampar una estrella en la camiseta y, nosotros, los hinchas, por fin podemos responder algo cuando de hablar de títulos se trata.

No sólo eso. Chile ganó y ganó bien. Le ganamos a Uruguay -con las mismas armas que ellos usaron en nuestra contra-, le ganamos a Perú sobreponiéndonos a un autogol y ya en la final, derrotamos a Argentina con Messi en cancha. Ok, el jugador del Barcelona, una vez más, fue un fantasma con la albiceleste y ganamos en los penales, pero lo bien que patearon Matías, Arturo y Charles más la joyita que se mandó Alexis para coronar la torta bien valen como una goleada en los 90 minutos.

Además, Chile demostró que gran parte del éxito, del hasta ayer esquivo triunfo, pasa por la confianza, por creer en los propios medios, por no achicarse antes de tiempo, por poner las cartas sobre la mesa y jugar, de tú a tú, sin caretas, sin improvisar o actuar algo que no somos. Así ganamos.

Lo otro que se ratificó ayer es que esta generación, la misma que se inició con Sulantay en los mundiales juveniles de Holanda y Canadá, que después tomó Bielsa -imposible soslayar la impronta del rosarino- y que maduró con Sampaoli después de un recreo con Claudio Borghi; esta generación es de otra madera, está forjada sobre el triunfo a la vida, sobre el triunfo a la adversidad, tal como lo hacen los terremoteados o los incendiados.

Por eso tal vez, la empatía con el pueblo; esa incomodidad con el protocolo de palacio y esa soltura, ese chacoteo espontáneo, casi infantil, sin polera o con cotillón, siempre con el celular cargado para una selfie, de cara a la gente, a su gente, a esa masa anónima de la que provienen.

Están por verse las consecuencias de todo esto. Estos jugadores son especiales, están acostumbrados al éxito, triunfan en los mejores equipos del mundo y se codean con los mejores jugadores todos los domingos. Lo único que se puede sospechar es la positiva herencia que dejan sobre las nuevas generaciones, sobre los niños que crecen a la sombra de estos éxitos, los mismos que se olvidaron de las camisetas de Ronaldo, Messi o Neymar y las cambiaron por las de Medel, Sánchez o Vidal.

Chile campeón y vaya que se ven lindas esas palabras juntas. Chile campeón y por un momento, los problemas y dificultades pasan a un segundo plano, el país se une de norte a sur, de cordillera a mar, bajo esas dos palabras. Chile campeón y la rabia, la desazón y el sabor amargo de la derrota es para otros, no para nosotros. Chile campeón, por fin conchadetumadre y que se repita luego porque pucha que es rico perder la virginidad ¿o no?

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