Estadios vacíos: el golazo del CDF

maxresdefaultLa luna de miel post Copa América fue muy breve. Aún enfiestados por el histórico título de la Roja de Todos, el regreso a la realidad de siempre –al día a día del fútbol criollo- fue un mazazo en la cabeza peor que cualquier resaca.

Dos fechas de la vilipendiada Copa Chile fueron suficientes para aterrizarnos. Se terminaron las tarjetas verdes, la presencia de familias en los estadios y una conversación diaria centrada, principalmente, en el fútbol. Con los partidos de U. de Chile–Curicó, La Serena-Coquimbo y Everton–S. Wanderers (que finalmente no se pudo ni jugar) el tema inevitable fue otro: los incidentes en el estadio.

Ni siquiera podríamos decir que se tocó fondo, porque, en realidad, ya se tocó fondo hace rato. Esto vendría siendo una especie de una constante y permanente recaída; algo así como una mala costumbre sin cura alguna destinada a repetirse una y otra vez. Los “reyes del aguante” o los “guerreros del tablón” son las grandes figuras; dicen amar la fiesta del fútbol, pero el partido –el juego mismo- les importa poco o nada.

El único ganador con todo esto es el CDF: menos gente en el estadio, más abonados. Una ecuación simple y muy buena comercialmente hablando: qué mejor campaña de publicidad. Por otro lado, los clubes se reparten las ganancias y, a pesar de ser responsables del espectáculo, le tiran la pelota al gobierno de turno. ¿Plan Estadio Seguro? Los hechos son elocuentes y dan cuenta de su fracaso.

La violencia en los estadios es algo que hace un buen tiempo ya no es exclusivo de los llamados “clubes grandes”. Las “barras bravas”, emulando principalmente a sus pares argentinas, hace décadas que se apropiaron de las galerías de la capital y del resto del país. ¿Y para qué pasar malos ratos? Ante esta horda de matones mafiosos muchos prefirieron quedarse en la comodidad del hogar, ahorrar dinero (porque más encima ir al estadio es caro), y ver los partidos por la TV.

Ya han pasado algunas décadas desde que la violencia apareció en los estadios chilenos, lamentablemente para quedarse. No tenemos buenas razones para pensar que esto va a cambiar pronto, por el contrario, lo probable es que empeore; mientras, de forma diametralmente opuesta, las cifras del CDF suben como espuma: un verdadero golazo de mitad de cancha.

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