El pragmatismo también sirve

Cuando en Chile gusta a rabiar que la Roja nunca renuncia a atacar y por momentos pareciera que es lo único que le importara, la selección de Paraguay logró llegar a la final de Copa América con un juego muy poco lucido, con muchas limitaciones, pero muy claro en los objetivos trazados.

Paraguay supo dar cuenta de Venezuela en semifinales y de Brasil en cuartos porque tiene un orden táctico en su defensa del cual nunca se descomcentran, porque se adapta a lo que le propone el rival y porque cuenta con algunos buenos jugadores (nada extraordinario) que juegan de manera muy inteligente.

La albirroja no se caracteriza por ser un equipo avasallador que quiere salir a atropellar a su rival, pero tampoco se cuelga del arco. Tiene el equilibrio en defensa que necesita Chile, y la Roja tiene la posibilidad, por la calidad de sus jugadores, de agregarles tintes más ofensivos y de mejor calidad individual. Pero no tiene aún el oficio de los “guaraníes”.

Especular por momentos como lo hace Paraguay, no es un pecado, a pesar del “bodrio” de partido que jugaron frente a Venezuela. Si esto les da resultado, bienvenido sea ese plantamiento. Su forma de jugar les ha significado clasificar de manera seguida a los últimos cuatro campeonatos mundiales y a instalarse ya durante muchos años entre los mejores equipos de Sudamérica. Este equipo ha sabido sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores y eso le ha valido pelear frente a Uruguay la posibilidad de levantar su tercer título continental. Partido que enfrentará a dos selecciones con funcionamiento similar pero con jugadores de muy distintas características.

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