El Crack

Estampa de modelo, empresario o actor de cine, en la cancha se juega la vida por su equipo, puede desparramar a los contrarios con suaves gambetas y por lo general el arquero queda bajo los efectos de la garrotera ante su imposibilidad de evitar el gol. Si es defensa con su porte y apariencia vikinga parte elegantemente las cabezas rivales, si tiene que trancar con la muela del juicio lo hará, pero siempre con clase, es un muro que nadie quiere cruzar. Es el crack o más bien así era ese jugador dotado futbolísticamente, mezcla de la rebeldía de James Dean y la elegancia de James Bond.

El crack es una especie casi en extinción, jugadores buenos para la pelota existen y van a seguir existiendo pero esa aura mística que los rodeaba ya no se ve. El crack actual no siempre rinde en la cancha, si se despertó de mala no va a tirar más de dos pases buenos y dejará para otra ocasión algún lujo. Cuando termina el partido se convierte en lo que siempre soñó ser, aros de diamantes en ambas orejas, bolso Dolce & Gabanna, pelo con mucho gel por donde resaltan inmensos audífonos en el que de ninguna manera escuchan comentarios deportivos sino que la música de moda y en el estacionamiento lo más importante: un jeep grande, bien grande o un deportivo bajo, bien bajo.

Para ser crack hay que tener siempre los pies en la tierra, no hay que marearse por las lucas ganadas y no olvidar de donde se viene. Hay que ser un agradecido del fútbol y ver en él lo más grande que le pudo haber pasado y no sólo como una pega que les permite comprar el auto soñado o para conseguir a alguna “modelo” que sin plata sería inalcanzable. Hay que ver a la camiseta del equipo como la prenda más importante del ropero y no esa ropa de marca de lentejuelas que sólo los hace ver más rascas. Hay que seguir entregando alegría con la pelota en esos mágicos pies a los hinchas que en un altar los han puesto y no sólo hacerlo porque es una manera de ganar status. Hay que ser crack dentro y fuera de la cancha, de lo contrario sólo se es un buen jugador.

Los crack se dan muy de vez en cuando, la historia nos ha entregado a cuentagotas esta sublime especie, pero si estamos llenos de malas imitaciones que juran ser parte de una elite futbolística de la cual jamás pertenecerán, tanto por su juego como por sus actitudes. Porque Johan Cruyff sólo vivía para la pelota y era impensado verlo bailando en un boliche y con un ron en la mano.

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