Cuentos de fútbol

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Llevaba un año haciendo los preparativos: televisor led 55 pulgadas, sistema de sonido home teather, paquete de canales Extra Premium Sport HD, sillón bergere de cuero. La Copa Mundial de fútbol comenzaba aquella tarde y el estaba preparado para un mes sin salir de la casa.

El living estaba previsto de gruesas cortinas que oscurecían el lugar, en el comedor el computador estaba preparado para toda la información que se iba a requerir y sobre una pared, una gran pizarra con los ocho grupos y todos los partidos que vendrían. Un segundo televisor, al lado de la gran pantalla, esperaba ser usado cuando transmitieran varios partidos simultáneos. La despensa estaba llena, lista para el maravilloso mes de encierro.

Lloró de emoción durante todo el partido inaugural, los cuatro goles de Brasil y el descuento de Ucrania lo hicieron moverse un poco, pero estuvo pegado al sillón los 90 minutos y de ahí en adelante no se movería más. Sólo caminaría al computador y al pizarrón a anotar cosas y de vez en cuando al baño y a la cocina. Pero el mayor tiempo era para mirar la televisión, los partidos y todos los programas deportivos que hablaban de fútbol las 24 horas del día.

Con el transcurso del campeonato su pasión e interés no bajaban, disfrutaba de España y su juego de memoria, de la perfecta defensa italiana, del sorpresivo Marruecos; quedaba perplejo con el pragmatismo brasileño, con otra decepción argentina y con el amateurismo de Fiji. Era sin duda el mejor mes de su vida. Su felicidad era plena, no así su aspecto: la barba desdeñada, el pelo sucio y las uñas largas lo iban convirtiendo en otra persona.

Después de un mes llegó la esperada final y la calma inundaba la ciudad, todos estaban en sus casas esperando el partido. La tranquilidad del momento sólo fue interrumpida por las ambulancias y policías que habían llegado a un departamento de donde provenía un olor nauseabundo. Una vecina lo había encontrado. Un hombre yacía muerto sobre un sillón, su cuerpo era iluminado por un gran televisor y las paredes del lugar estaban “decoradas” con rayados de resultados, formaciones, jugadas, pronósticos y otras palabras y cifras ininteligibles.

La causa de su muerte no estaba clara, pero se especulaba que un infarto le había detenido el corazón y que en los cuartos de final había dejado de existir con una sonrisa de oreja a oreja.

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