Columna Cruzada: Sin título (no es ironía)

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Escribo esta columna como una manera de exorcizar la amargura que tengo desde que salí del estadio el domingo recién pasado. Ojalá sirva.

Como a muchos, la pregunta me sigue dando vueltas y a más de 48 horas de los hechos, sigue sin respuesta. ¿Qué pasó?

Objetivamente, empatamos un partido que hace apenas una semana, en condiciones mucho más adversas que jugar en San Carlos, sacamos adelante con honores. El mismo 3-0, el mismo primer tiempo, los mismos jugadores… ¿Qué pasó?

Se comprueba lo que se ha dicho hasta el hartazgo: Mario Salas no ha sido capaz de entregarle equilibrio a un equipo que pasa de la risa al llanto sin pausas. Somos la delantera más goleadora del campeonato (40 anotaciones, 2.5 goles por partido; contra 35 de la U que está segunda en este ítem), pero al mismo tiempo somos una de las defensas más batidas del campeonato (la segunda, con 29 goles en contra, superados sólo por Barnechea con 39).

Históricamente se nos achaca el estigma de segundones, de equipo pecho frío, equipo arrugón, esto y lo otro. Algo de eso hay (de otra manera no me explico el penal que perdió Bottinelli), pero tampoco podemos atribuirle todos nuestros males a esa condición. De hecho, si tan así fuéramos, no seríamos el equipo más ganador en el Monumental ni le hubiéramos empatado a Arica en los descuentos, por citar dos ejemplos frescos en la memoria.

Se dice que faltó un remezón, una voz que zamarreara a los zombies que salieron a jugar en el segundo tiempo y los devolviera a su estado de jugadores profesionales. Tampoco es tan así. Costanzo, uno de los que a mi juicio aprueba el semestre (su ausencia contra Audax y contra la U -1 punto de 6 posibles- fue decisiva), se encargó de tomar las riendas y de putear, arengar, motivar o como quieran llamarlo, uno por uno, a todos los jugadores antes de partir después del segundo descuento. No sirvió.

¿Qué pasó entonces? Perdimos las marcas (lo de Cordero, así como a lo largo de todo el campeonato, dejó mucho que desear), paveamos en las pelotas decisivas, tuvimos mala suerte y con el resultado puesto, tampoco fuimos capaces de dar vuelta el marcador. Llanos no dio el ancho (cabe recordar que jugó porque Gutiérrez se hizo expulsar infantilmente ante Colo Colo); Muñoz -pese al gol- se diluyó; Bottinelli se farreó la más clara y, desde atrás faltó un poco más de empuje: Tomás Costa sigue en deuda y no sé si le quede crédito en la cuenta. Además, pagamos caro la lesión de Álvarez. Es imposible comprobarlo, pero estoy seguro de que con el Huaso en la cancha, no nos empataban ni cagando.

Para contextualizar la campaña, perdimos puntos contra Unión en San Carlos (segunda fecha, empate 0 a 0); contra O’Higgins en Rancagua (empate 1 a 1); derrota 0-2 contra Wanderers en Valparaíso; empate 3-3 contra Arica en el norte; derrota contra el mismísimo Cobresal 2-4 (con el agravante de que se perdió en San Carlos); el empate 1-1 contra Audax en La Florida; el clásico contra la U. de Chile (2-4, también como locales) y, obviamente, este empate 3-3 contra Iquique.

Busquen ahí la explicación. Ahí están los puntos que nos privaron del campeonato. Apriori, los puntos contra Unión y Cobresal alcanzan para los cálculos, pero si se pone un poco de historia sobre la mesa, no podemos perder puntos contra Arica ni contra Audax Italiano, dos que pelearon el descenso. ¡Y menos empatar con Iquique en San Carlos, después de ir ganando 3-0! En fin.

¿Raya para la suma? Mario Salas debe hacer un aseo profundo en el camarín. Hay jugadores que ya se quemaron y que tuvieron suficientes posibilidades de revertir su mal desempeño. A mi juicio por lo menos, gracias y hasta luego para Fabián Cerda, Alfonso Parot, Fernando Cordero, Pablo Álvarez, Matías Mier, Tomás Costa, Darío Bottinelli, Álvaro Ramos, David Llanos y José Luis Muñoz.

Las bases de la nueva Católica se edifican sobre jugadores como Cristopher Toselli, Cristián Álvarez, Erick Pulgar, Michael Ríos, Mark González y Roberto Gutiérrez. Urge un central (me gusta Lanaro), un 6 y más un 9 pepero (Vilchez de Huachipato no me desagrada) que un 10 (igual apostaría por Diego Rojas un campeonato más).

Mario Salas también debe aprender de todo esto. De hecho lo hizo en un par de fechas, entre el clásico contra la U (cuando inventó a Pulgar como central y dejó la cagada) y el partido contra Colo Colo. Le creo cuando dice que esto no puede volver a pasar y confío ciegamente que su trabajo dará frutos.

Ojalá clasifiquemos a la Sudamericana y el equipo empiece desde ya a descontar la deuda que tiene con el hincha. El estadio estuvo prácticamente lleno todo el campeonato, se venden camisetas y cuanto merchandising se les ocurre… Lo único que falta es ganar. Y cuando eso por fin suceda, no soltar nunca más el hilito. Como equipo grande que somos, lo merecemos. Alta la frente al cielo y con fe hacia el porvenir…

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