La ambición quedó atrás

colo_palmeiras

Cuando se enfrentan partidos de la Copa Libertadores, se debe tener como equipo una identidad, un denominador común que sea el motor de cada jugador. Colo Colo había demostrado que más allá del buen o mal fútbol, la ambición le entregaba un impulso en la copa, pero justo cuando más la necesitaba, la dejó de lado y la cambió por un solo fin, no perder, situación que nubló su funcionamiento de equipo y produjo su despedida del torneo sudamericano.

El Cacique tenía todo a su favor al momento de entrar a la cancha del Monumental, la siguiente fase era una realidad sólo con empatar, las tribunas se llenaron pese al complicado momento del club y Palmeiras, el rival de turno, ya había sido derrotado por los albos en Brasil por un contundente 3-1.

Sin embargo la noche se comenzó a llenar de dudas cuando producto de una jugada intrascendente Macnelly Torres debió dejar el campo a los 17 minutos del primer tiempo, lo pero no fue su salida, sino su remplazo. Ingresó Rafael Caroca, un jugador que tiene cualidades futbolísticas en su mayoría defensivas, lo que produjo que el mediocampo se volviera un terreno dominado por nadie (Sanhueza muy por debajo de su nivel) e incapaz, para el local, de ser una zona gestora de jugadas que nutrieran a los delanteros, en este caso Carranza y Lucas.

¿Se podría haber optado por otra opción?, hubiera sido quizás más positivo no perder el equilibrio en el equipo, ingresar a Chamagol en lugar de Torres y mover a Carranza al mediocampo, manteniendo la ambición de ataque, la cual se fue quedando atrás con escasas jugadas y con un Palmeiras que sólo con chispazos preocupaba al “Tigre” Muñoz.

La jornada dejó de ser alegre cuando pese a tener un hombre más, Colo Colo comenzó a ver como las bandas se volvían un pasadizo para los volantes brasileños y llegó el minuto 86 en que el volante de Palmeiras, Cleiton Xavier, amagó a Sanhueza, el cual pasó de largo muy fácilmente, y metió un disparo increíble que se instaló en el ángulo superior izquierdo del portero popular, dejando un silencio en Pedreros, un dolor de cabeza en los jugadores y tristeza en los hinchas del club.

Así, un justo castigo para el Cacique, que sólo pensó en no perder, no pensó en ganar, no pensó en lograr un funcionamiento deportivo que por lo menos derivara en acciones ofensivas, sólo pensó en no perder, en matemáticas, en pasar a la siguiente etapa y se olvidó de los dos pilares que soportan cualquier éxito en la Copa Libertadores, el fútbol ofensivo y la ambición de hacer historia.

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