Cobresal tocó el cielo

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Cuántas veces me encerré en mi pieza a llorar, cuántas veces la frustración le ganó a mi cordura, cuántas veces eché a perder varios días por mi congoja. No las puedo enumerar. Escribo esta columna desde lo más profundo de mi corazón, con mucha emoción y una gran pena por lo que tuvimos que pasar.

Mi orgullo de ser cobresalino siempre me ha llevado a comentarlo en todos lados, mostrar el signo con grandeza y besar la camiseta con pasión. Siempre me sentí un privilegiado por lucir en mi alma estos colores.

He defendido a mi equipo, pese a que en más de alguna ocasión me pudo costar una amistad. Para mí, Cobresal siempre fue el más grande de Chile. No me cansaría de nombrarles todas las cualidades que tiene mi institución que las otras no. Sin embargo, sólo me centraré en el gigantesco amor que siente cada uno de sus hinchas por este club.

Cuando era más joven me sentía el más fanático de Cobresal. Sentía que mis viajes express para todas partes avalaban mi pensamiento. Sin embargo, de a porrazos y con torpes discusiones me fui dando cuenta de que yo debería sacarme el sombrero por otros. Hay gente que hace lo imposible por estar presente apoyando al equipo, incluso en los momentos más duros.

Encontrarse en el Estadio El Cobre con gente que uno ve habitualmente en las distintas regiones del país, nos hizo parecer a todos como una familia que después de años se vuelve a juntar. Nos trasladó a los años 90 en que El Salvador todavía vivía prosperidad y allí habitaban poco más de 15 mil personas. Hoy la situación es distinta, no hay más de siete mil, pero por un día –ese amado 26 de abril de 2015- volvimos a ser niños, jóvenes o, algunos, padres novatos.

Si bien Cobresal es uno de los pocos equipos de fútbol que van quedando en Chile (lo que hace aún más respetable a la institución, al no venderse a las S.A.), lo cierto es que su nombre envuelve aún más que un mero concepto deportivo.

Cobresal es mi infancia, mi pueblo, mis raíces, mis recuerdos, mi familia, mi alegría y mi seguridad. El tremendo rol social que cumple yo no lo he visto en ninguna parte del mundo. Es por eso que todos nos sentimos orgullosos. No nos hicimos hinchas del equipo más triunfador, ni elegimos con pinzas cuál podía ser. Somos cobresalinos porque ahí están nuestros primeros pasos en la vida, porque fue nuestra primera entretención quincenal y porque el destino nos hizo llegar a esa hermosa tierra. Aquí no hay doble militancia, el hincha es bien apasionado y no hay nada más satisfactorio que ganarle a nuestros grandes rivales: La U, Colo Colo, Cobreloa y Universidad Católica. Nos sentimos grandes, sí, pero es porque lo somos.

Estos últimos años pasamos penurias, nos enfermamos más de la cuenta y lloramos más seguido. La impotencia se apoderó de nosotros en reiteradas oportunidades. Siempre supimos que un triunfo parcial, no era tal hasta que pitaba el árbitro. Últimamente nos caracterizamos por no abrochar los encuentros. Es más, cuando la sonrisa se nos dibujaba, algo malo pasaba y la tristeza nos volvía a invadir por, a lo menos, una semana entera.

Sufrimos mucho por años enteros, nos codeamos con el precipicio, pero jamás caímos. Dimos muestras de fuerza, coraje y garra minera. No importa si tuvimos que sobrellevar angustias por todo un torneo, la satisfacción final nos engrandeció y nos hizo creernos los más poderosos, unos inmortales.

Pese a ello, debo reconocer que nunca creí que mi equipo lograra ser campeón del fútbol chileno. ¡Nunca! Por una parte, puede sonar terrible y un poco triste, pero, por otra, sirve para refrendar que –incluso teniendo ese pensamiento- estaba dispuesto a seguir apoyando a mi club por toda la vida. ¡Sólo tu existencia, mi Cobresal querido, es mi felicidad!

Hace un par de años tuve un sueño. Soñé que Cobresal, con su estadio lleno, anotaba un gol. El anotador celebraba con el alma, los hinchas gritaban y saltaban de emoción. Era el tanto que nos daba el título, el primero de nuestra historia. La algarabía era máxima hasta que desperté. Tuve sentimientos encontrados: fue una sensación maravillosa, pero –lamentablemente- fue sólo un sueño. Hice mi día con normalidad, pero –en el transcurso de la jornada- traté de hacerle sentir a mi corazón lo que había sentido mientras dormía. A ratos lo lograba y era sencillamente hermoso.

Cuando se vinieron acercando estas últimas fechas no sabía si quería que el torneo terminara luego, para gritar campeón, o que durara mucho, por si perdíamos el título en el cierre de campeonato. Pero la fecha llegó. Se me vino la realidad encima. Tomé la decisión de viajar a El Salvador para ver mi sueño hecho realidad. No sabía si se lograría, sentía miedo a la frustración, esa que nos acompañó como hinchas por tantos años.

Con el correr de los minutos me fui desmotivando. Perdíamos en nuestro encuentro y el rival ganaba en Santiago. Mi sueño se alejaba y yo comenzaba a resignarme. Sin embargo, le dije a mi polola –mi fiel compañera- que no entendía qué estaba pasando. Durante este torneo había sentido la presencia de muchas señales.

Pasaron los minutos y estoy seguro que Dios hizo su parte y me dio un increíble regalo. No sé cómo, pero en San Carlos, la UC pasó de estar 3-0 a empatar 3-3, goles que se gritaron con el alma en El Cobre. Nosotros, en tanto, lo dimos vuelta. El desenlace no podía ser distinto. No estamos acostumbrados a soslayar el sufrimiento.

Cuando el árbitro pitó el final de nuestro partido y varios hinchas y hermanos de toda la vida comentaban -con nerviosismo y un toque de duda- que el otro pleito había terminado, la reacción fue la de no creer que era cierto. Lloramos, nos abrazamos y nos tiramos al suelo. Dentro de mi desconfianza, con los ojos llenos de lágrimas miré hacia la cancha y vi que de pronto empezaron a llegar los paneles de premiación, las medallas y la copa. Definitivamente, lo estaba empezando a creer.

Mis lágrimas y las de todos los hinchas cobresalinos estaban botando dolor, sufrimiento, desahogo y pena por todo lo que habíamos pasado. Pero la sonrisa en nuestra cara era de felicidad, cariño, plenitud y un fin a una historia sin títulos. Entramos a la historia grande del fútbol chileno. Para nosotros, esta copa vale más que para cualquier fanático en el planeta.

Cobresal tocó el cielo y bajó su primera estrella.

5 thoughts on “Cobresal tocó el cielo

  • 29/04/2015 at 08:23
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    Comparto plenamente tu comentario y tuve tu mismo sueño. Mucha gente se fue de este mundo esperanzado de ver algún día a Cobresal Campeón.
    Dios y todos ellos pujaron, desde donde estén, para ver su sueño hecho realidad.
    Hoy podre decir SUEÑO CUMPLIDO.

  • 29/04/2015 at 10:10
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    Grande Gonzalo!!! Nuevamente me emocioné leyendo tu columna. Creo que todos los que amamos esta institución, soñamos este maravilloso día que vivimos en El Salvador. El 26/04/2015 será recordado por siempre, incluso por las futuras generaciones. Porque sé que todas nuestras familias mineras proyectarán este logro y estas miles de historias que vivieron para obtener esta estrella. Un gran abrazo amigo Y GRANDE COBRESAL!!!!

  • 29/04/2015 at 12:50
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    Hay alegría que entrega el futbol que son inexplicables para el resto … recuerdo ir los domingos al estadio de la mano de mi viejo, comiendo maní y jugando con las latas de bebida en las zapatillas, recuerdo los gritos de nuestros papás, los enojos del gran Julio Acuña y tantos partidos vividos en ese estadio … esta vez no pudimos estar presentes, pero desde la casa pude ver y vivir en su compañia la alegría enorme de ver a Cobresalito Campeón !! Un abrazo a todos.

  • 29/04/2015 at 21:19
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    Gonzalito . Hermoso sentimientos . Creo que todos los Salvadoreños y cobresalinos de corazón expresamos con cariño nuestros sentimientos verdaderos .Bendiciones para ustedes .

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