Columna Cruzada: Católica en el desierto

“Nos sentimos secos por dentro”, creo que fueron las palabras de Milovan Mirosevic al terminar, nuevamente con las manos vacías, la final del campeonato en el Estadio Nacional, esta vez a manos de O’Higgins.

Desde aquellas declaraciones, las únicas que se escucharon aquella amarga noche en Ñuñoa (Lasarte, al igual que Marco Antonio Figueroa tras perder el título contra Colo Colo en Santa Laura, se escudó en el silencio) a la debacle del lunes por la noche (derrota en definición a penales ante Iquique en San Carlos de Apoquindo tras empatar 1 a 1 en los 90 minutos), mucha agua pasó debajo del puente. Agua sucia, sucia y hedionda.

Como era de esperarse después de un remezón como haber pedido una final, aparecieron los trapitos al sol: roces y conflictos entre jugadores que no hacen más que echarle sal a la herida del hincha cruzado.

Inexplicablemente, pese a lo que digan las estadísticas y uno que otro imparcial, aunque La UC de Lasarte exhibe números impresionantes, se quedó sin nada, cero de tres, nada… ¡Desierto!

Lo peor de todo es que a la salida del técnico, cuestionable en la forma y, sobre todo, en el momento; se suma la división del camarín (Castillo, el otrora héroe y gran precio de Cruzados, se transformó en el villano de la película y el nombre de Toselli, uno de los baluartes de la temporada, fue manchado injustamente). A eso hay que agregarle la partida de los que terminaron contrato (Hans Martínez e Ismael Sosa, sólo por nombrar a dos titulares) y un montón de dudas de cara al futuro.

Olmos, Pellicer, Astudillo, Romero, Díaz, Arruabarrena, Palermo y algún otro argentino se mencionan como carta para reemplazar a Lasarte. Sea quien sea el elegido, tendrá que agregarle a su trabajo con la pelotita otro tanto o más importante: trabajar la cabeza, la mentalidad de un plantel que, igual que los hinchas, terminó con la moral por el suelo y exigiendo una explicación.

De aquí en adelante, las señales tienen que ser claras y contundentes. Ya no queda cupo en la línea de crédito, la gente no aguanta más segundos lugares, no es tolerable otro papelón o quedarse con las manos vacías nuevamente.

Jugadores hay. Como se dice por ahí, “la base está”. Aún hay hinchas comprometidos, fieles e incondicionales. Los dirigentes, tan apasionados como el más furibundo forofo, también tienen el mismo predicamento. Ojalá que el 2014, de una buena vez por todas, salgamos del desierto y encontremos el camino del triunfo. La revancha está a la vuelta de la esquina y no hay más tiempo que perder.

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