Vidal, el símbolo de la descomposición de la selección

Si uno revisa el desempeño de Vidal en la Roja de Bielsa, en Juventus y en el periodo de Claudio Borghi, pensaría que son tres jugadores distintos. Cuando el rosarino conducía a Chile, el ex Bayer Leverkusen era un jugador aplicado, que no chistaba cuando iba al banco, que sólo una vez habló más de la cuenta y tras un castigo ejemplar nunca más se descarrió; en la Vecchia Signora es un aplicado con la estrategia, un líder con empuje e inteligencia, con movimiento precisos y sobretodo un tipo que es un real aporte en ataque y en defensa… pero con Borghi ha sido un verdadero estorbo, un jugador irresponsable, un tipo en el que no se puede confiar, que quiso ser importante por declaraciones y no por juego, sancionado, perdonado y después desordenado tácticamente, sin temple, sin capacidad de compromiso, un tipo que sólo fue cavando el hoyo en que ahora se encuentra, con hechos y dichos que ahora lo vuelven prescindible y que aparece, a la luz de los acontecimiento, desechable para el inicio de un nuevo proceso pese a ser un crack cuando está enchufado en la cancha, con el equipo y el balón.

Cuando el Bichi tomó la Roja el volante era uno de los más felices, habló de apoyo y compromiso, sabía que era uno de los mejores jugadores en su puesto en Europa y esperaba ser uno de los que llevara el buque a Brasil 2014, pero su ganas se mezclaron fácilmente con la parranda, el desorden y la irresponsabilidad al formar parte del tristemente famoso bautizaso, fue castigado y repudiado por la hinchada, apoyado por el club italiano y sancionado pro la ANFP. Comenzaban poco a poco a descomponerse la manzana en el cajón.

Cumplió su castigo, Borghi pese a su decepción personal lo volvió a llamar. Vidal jugó un gran partido ante Bolivia y parecía estar de vuelta, pero tras el triunfo ante Venezuela las dudas en la Roja se volvieron a sembrar producto de la derrota ante Ecuador en Nueva York, se retomaron los cuestionamientos al trabajo del cuerpo técnico y en ese momento Arturo se creyó un caudillo y defendió a su “querido” DT ante los micrófonos profesando un apoyo incondicional… pero tras eso seguiría mostrando índices de desconexión entre su gran bocota y su desempeño en el campo de juego.

Antes del juego ante Colombia en Santiago, al ser consultado sobre la posibilidad de que Borghi lo usara de central, el jugador mencionó que él no jugaba ahí… linda manera de entregar su apoyo. Terminó jugando en esa posición y lo hizo pésimo y para colmo terminado el juego lo primero que trató de defender fue que no era su posición. Está bien, no era su lugar en el campo de juego, pero antes, durante y después del partido sólo sembró más cuestionamientos en torno al DT (y para colmo después en una entrevista en FIFA.com diría no tener problema en cambiar de puesto en beneficio de la selección).

Pero las guindas de la torta podrida de Vidal en la Roja fueron la estúpida expulsión ante Ecuador en Quito (lo que le significó perderse el match ante Argentina en Santiago), sus declaraciones vinculadas a que si el Bichi dejaba la selección “pensaría si venir o no” y su patada a mansalva, desleal e infame ante Serbia.

Una serie de acciones que sólo pueden ser vinculadas a un año y medio en que Vidal hizo todo lo malo que podía hacer, dentro y fuera del campo de juego, un tipo que ante los micrófonos no dijo nada coherente con su accionar, que creyó que la Selección era su equipo y dejó de entender que era un invitado, que debía honrar esa invitación y que debía hacer méritos cada minuto para volver a ser convocado. Sería estúpido no reconocer lo que es capaz de dar en un equipo Arturo, pero todo eso se logra con actitud, trabajo, compromiso, más trabajo, respeto, más trabajo y un temple no vinculado a ser el más guapo o choro dentro del campo, un temple vinculado a controlar la situación, a dar confianza a sus compañeros y a saber tomar buenas decisiones en los momentos complicados y alegres que entrega el fútbol, algo que poco a poco ha logrado entender en Juventus pero que en la Roja parece no identificar o de plano no estar capacitado para concretar, y así, sólo logra hacer daño y remar para atrás en la ya apaleada, desarticulada, sufrida y desconcertante pero siempre querida Roja. Ojalá vuelva el Vidal que Chile necesita y que ha entregado alegrías a la Roja en más de una ocasión.

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